Día
12. Qué vida la nuestra en estas playas!
Nos
levantamos a las 8. Después de lidiar un rato con la caja fuerte del
dormitorio, (que finalmente resultó que no era que no sabíamos como usar sino
que estaba rota), bajamos a tomar el
desayuno, que consistía en jugo de naranja, café o chocolate a discreción, y un
menú a elección: nosotras elegimos la canasta con croissant, muffin, pan, factura, manteca y mermelada. La
otra opción traía huevos revueltos con
torrejas.
Pedimos
nuestras toallas y sillas y nos fuimos a la playa, a solo una cuadra del hotel.
El mar estaba bien turquesa, pero había más olas que las otras veces que estuve,
y como había algunas nubes el calor no molestaba. Obviamente estuvimos muuuucho tiempo en el
agua. Pau aseguraba ver peces, pero yo no ví nada.
Había
una serie de rocas cerca de donde estábamos; por lo pinchudas (lo comprobé al
tratar de sentarme) parecían restos de coral. A media mañana llegaron unos
fotógrafos, e instalaron frente a las rocas unas antorchas con unos tules blancos,
y una mesita vestida de blanco con 3 frasquitos encima. Nos parecía irreal y
demasiado de película estar por presenciar un casamiento en la playa, pero así
fue: al rato llegaron los novios con unos 15 invitados, y realizaron una
ceremonia. Sacamos unas fotos sin acercarnos demasiado, ya que nuestro atuendo
no era el apropiado, y al haber tan pocos participantes no había forma de
esconderse. Con los frasquitos hicieron algo que no entendimos del todo (parecían poner algo azul y algo
blanco dentro de uno con forma de corazón), pero que parecía importante. Quizás
sellaba la alianza?
Al
mediodía pasamos por un supermercado para comprar algo para almorzar; a Pau le dieron ganas de comer Mac’and cheese
(unos fideos con salsa de queso); algunos vienen ya listos para cocinar en el
microondas. Después de un concienzudo estudio de mercado sobre precios y
cantidades elegimos unos, que al llegar al hotel vimos que no eran para
microondas (que teníamos), sino para hervir en cacerola sobre hornalla (que no
teníamos). Como es bien sabido, la creatividad argentina no tiene límites, así
que logramos hacerlos igual en el microondas, aunque con algo de enchastre, y en
etapas!
A
la tarde el mar se veía bien distinto, con menos olas y el cielo completamente
azul. Obviamente, seguimos pasando muuuucho tiempo en el agua. Hicimos una
pequeña guerra de algas, y Pau durmió una larga siesta en la arena. Si bien
hace calor todo el año, aquí están en otoño, lo que se nota en las largas
sombras que se proyectan en la arena ya a las 5 de la tarde.
A la noche, aunque al principio nos daba cierta aprensión, fuimos a sentarnos en unas reposeras en la playa para mirar el cielo y la ciudad iluminada a lo lejos.
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| Atardecer en Miami Beach |
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| Un chapuzón |
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| Las gaviotas están todo el día en la playa. |
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| Y otro chapuzón! |
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| Pau feliz en el mar turquesa. |
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| Añadir leyenda |
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| Qué frío! |
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| Preparando el altar |
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| Ideal para una siesta |
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| La ceremonia |
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| Me convertí en un dibujo. |