jueves, 18 de octubre de 2012

Había una vez...


Había una vez…
…este viaje, que empezó como un sueño, que quizás podría cumplirse, que luego se fue volviendo posible, y finalmente una certeza que se hizo realidad en medio de muchos preparativos, ilusiones e impaciencia. Cuando nos vamos????
Fuimos recorriendo y viviendo muchas cosas juntas: los viajes están llenos de sorpresas; nos vamos conociendo a nosotros mismos en situaciones desconocidas y conocemos mejor a quienes viajan con nosotros.
Nos divertimos y asombramos juntas; nos mimamos, nos reímos, y también nos peleamos y anduvimos con cara larga…por un minuto. Reflexionamos sobre lo que nos gustaba y lo que no, modificamos itinerarios de común acuerdo, tomamos decisiones…
Para mí fue un placer indescriptible compartir estos días con vos, y verte disfrutar, crecer, hacerte más grande aunque siempre mi cachorra, y vivir todo con tu espíritu de cascabel.
En estas épocas tecnológicas, este blog (muy precario) es el libro de recuerdos que se me ocurrió regalarte.
                                                                                         Te amo
                                                                                            mami

Día 14


Día 14. Nos encantaría seguir de paseo, pero nos vamos felices.
Mientras terminábamos de armar nuestro equipaje (algo mayor que el que trajimos!), comenzamos (ya que llevaría varias etapas) a agradecerle a Jorge: su hospitalidad, su atención constante (estuvo prácticamente dedicado a nosotras), su imprescindible aporte como guía turístico, sus cafés, su inquebrantable paciencia para trasladarnos y llevarnos a comprar cuanta cosa nos faltara, su cariño, y etc etc…

Desayunando en lo del tío Georges


Los 2 con la abuelita.
Pau, que estaba extrañando bastante al resto de la familia en Nueva York, dice que ya no extrañó tanto en cuanto estuvo en Miami, rodeada de la familia que encontró acá; creo que eso sólo ya le da sentido a esta última etapa del viaje.
Aquí terminan estas crónicas de viaje, que nacieron para dejar un recuerdo de este sueño, viajaron a lugares insospechados, fueron leídos en grupo y tuvieron lectores de lo más diversos.


Mil gracias a todos por el aliento, el reclamo de más relatos (estímulo fundamental cuando el cansancio me daba ganas de cerrar los ojos), las experiencias compartidas, y el cariño.






Día 12


Día 12. Qué vida la nuestra en estas playas!
Nos levantamos a las 8. Después de lidiar un rato con la caja fuerte del dormitorio, (que finalmente resultó que no era que no sabíamos como usar sino que estaba rota),  bajamos a tomar el desayuno, que consistía en jugo de naranja, café o chocolate a discreción, y un menú a elección: nosotras elegimos la canasta con croissant,  muffin, pan, factura, manteca y mermelada. La otra opción  traía huevos revueltos con torrejas.
Pedimos nuestras toallas y sillas y nos fuimos a la playa, a solo una cuadra del hotel. El mar estaba bien turquesa, pero había más olas que las otras veces que estuve, y como había algunas nubes el calor no molestaba.  Obviamente estuvimos muuuucho tiempo en el agua. Pau aseguraba ver peces, pero yo no ví nada.
Había una serie de rocas cerca de donde estábamos; por lo pinchudas (lo comprobé al tratar de sentarme) parecían restos de coral. A media mañana llegaron unos fotógrafos, e instalaron frente a las rocas unas antorchas con unos tules blancos, y una mesita vestida de blanco con 3 frasquitos encima. Nos parecía irreal y demasiado de película estar por presenciar un casamiento en la playa, pero así fue: al rato llegaron los novios con unos 15 invitados, y realizaron una ceremonia. Sacamos unas fotos sin acercarnos demasiado, ya que nuestro atuendo no era el apropiado, y al haber tan pocos participantes no había forma de esconderse. Con los frasquitos hicieron algo que no entendimos  del todo (parecían poner algo azul y algo blanco dentro de uno con forma de corazón), pero que parecía importante. Quizás sellaba la alianza?
Al mediodía pasamos por un supermercado para comprar algo para almorzar; a  Pau le dieron ganas de comer Mac’and cheese (unos fideos con salsa de queso); algunos vienen ya listos para cocinar en el microondas. Después de un concienzudo estudio de mercado sobre precios y cantidades elegimos unos, que al llegar al hotel vimos que no eran para microondas (que teníamos), sino para hervir en cacerola sobre hornalla (que no teníamos). Como es bien sabido, la creatividad argentina no tiene límites, así que logramos hacerlos igual en el microondas, aunque con algo de enchastre, y en etapas!
A la tarde el mar se veía bien distinto, con menos olas y el cielo completamente azul. Obviamente, seguimos pasando muuuucho tiempo en el agua. Hicimos una pequeña guerra de algas, y Pau durmió una larga siesta en la arena. Si bien hace calor todo el año, aquí están en otoño, lo que se nota en las largas sombras que se proyectan en la arena ya a las 5 de la tarde.
A la noche, aunque al principio nos daba cierta aprensión, fuimos a sentarnos en unas reposeras en la playa para mirar el cielo y la ciudad iluminada a lo lejos.
Atardecer en Miami Beach

Un chapuzón

Las gaviotas están todo el día en la playa.

Y otro chapuzón!

Pau feliz en el mar turquesa.

Añadir leyenda


Qué frío!

Preparando el altar

Ideal para una siesta

La ceremonia

Me convertí en un dibujo.

Día 13


Día 13. Queremos más playa! Jorge y sus 2 cuñadas; Pau y sus tíos…
A la mañana bajamos a desayunar, y, para no perder una linda costumbre adquirida en Nueva York, nos dejamos la llave adentro; por suerte esta vez estaba vestida, y no tuve que vérmelas con una monja que me decía que quizás ni había copia!
Bajamos a la playa, y el mar estaba nuevamente distinto: no había olas, casi parecía una pileta, y se veía medio plateado. Hacía mucho calor, así que estuvimos en el agua, y mientras Pau dormía una vez más (siesta mañanera?), yo estuve casi todo el tiempo en remojo.
A las 9 de la mañana la escena en las mismas rocas del día anterior cambió completamente: 2 fotógrafos nuevamente, pero sacándole fotos muy sexys a una…modelo!? Estuvieron un largo rato, que las piernas para acá, la cola para allá, que te miro con la boca abierta…luego levantaron sus bártulos y se fueron.
Al ratito de haber terminado la producción hot, otra vez apareció gente a armar un casamiento con las velas, la mesita y los tarritos!! No logramos entender que tenía de diferente ese grupo de rocas de los que estaban a su izquierda y a su derecha, ya que ambos tenían de fondo el mar, y a lo lejos varios cruceros y un pesquero, pero algo habría, y quedamos en primera fila para presenciar el espectáculo!
Con muy pocas ganas de arrancar dejamos el hotel al mediodía; Vicky pasó a buscarnos, la acompañamos en su recorrida de visitar clientas, y luego nos llevó a almorzar. Charlamos mucho sobre su infancia y juventud en Colombia (es Trabajadora social), su instalación en Estados Unidos, como conoció al hermano de Charly…en fin, toda una historia de familia que Pau no conocía. Después nos llevó a lo de Jorge, y compartimos entre todos retazos de la historia tan especial de los Acha.  Al haber vivido, y seguir haciéndolo, un poco dispersos, son importantes los momentos de reunión en los que cada uno va aportando alguna pieza al rompecabezas.
Mientras comenzábamos a armar las valijas, y antes de irnos a dormir,  nos despedimos de Lydia, ya que se va a trabajar muy temprano. Pau está encantada con esta tía recién estrenada, y yo como de costumbre con mi concuñada a quien lamento ver tan poco.




Otro día de playa




Y otra siesta

Esa es una cara de felicidad.

Las sirenas.

La producción hot.


Parece que la desperté pero no se enojó!


Pau y Vicky

Mujeres de Acha latinoamericanas.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Día 11


Día 11. Inmersión directa en el corazón del deporte más querido. Vida de princesas, en la playa.
Por la mañana anduvimos con nuestro chofér recorriendo negocios en busca de algunos encargos; lamentablemente no conseguimos todos.
Para premiarnos por nuestro esfuerzo nos fuimos los tres a almorzar; el lugar que nos propuso Jorge no pudo resultar más sorprendente: de afuera no se ve ni oye nada; al abrir la puerta ingresamos en un bar gigante, con 37 pantallas de televisión a todo volumen, en las que proyectaban en vivo partidos de fútbol americano; nuestra suerte de turistas quiso que en ese momento estuviera jugando el equipo de Miami, los Dolphins. Los comensales se enfervorizaban y gritaban cada vez que el equipo hacía algo bien. Me imagino lo que sería ver ahí un partido de la selección.
Volvimos a casa a preparar el bolso para irnos 2 días a la playa, en Miami Beach; parece tarea fácil, pero nuestro equipaje en estos momentos es una pila enorme de botas, camperas, bikinis, ojotas, un verdadero aquelarre! Finalmente (y bastante tarde), emprendimos el camino.  Miami Beach está formada por varias islas unidas al continente a través de rutas. La parte más famosa es South Beach. Ahí se construyeron en los años 20 una enorme cantidad de hoteles, en su mayoría de estilo Art Déco. En los años 70 el turismo decayó notablemente, así como el estado de los hoteles, que se convirtieron en residencia permanente de jubilados poco adinerados. Recién en los 80 y 90 empezaron a remodelarse, y hoy están en su mayoría impecables.
Llegamos al hotel que habíamos reservado, el Red SB, que superó ampliamente las expectativas: cuando vimos nuestras mullidas camas de 2 plazas llenas de almohadones nos pusimos a saltar como Kate Winslet en la película El descanso. Todo es impecable: el desayuno, las toallas y sillas para la playa, la pileta iluminada…
Era tarde para playa, pero decidimos meter nuestros pies en el agua: pronto tuvimos que huir porque se largó un chaparrón. A la noche decidimos ir a pasear por Lincoln Road, la calle peatonal donde están la mayor parte de los restaurants. La noche de Miami tiene todo tipo de público, pero obviamente la mayoría no son madres con sus hijas! Comimos una pizza en Sbarro (nuestra comida y nuestro local preferidos de este viaje), y luego nos volvimos muertas de la risa debajo de una tormenta tropical que nos dejó empapadas.
Bajo la lluvia en Miami Beach

La pileta del hotel

Desembarco en la playa, de noche.

Menú futbolero

Algunas de las pantallas en el bar

La fachada del red SB Hotel

El lobby

El desayuno. Detrás, "la" mesa roja.

Camas de princesa

Nuestro estar

lunes, 15 de octubre de 2012

Día 10


Día 10.  Qué familia tan chévere la de estos Acha un poco de por aquí y otro de por allá!!!
El día lo dedicamos a hacer un poco de shopping, con el santo de Jorge haciendo de chofer. Yo le digo que debe sufrir a esta cuñada que lo tiene de un lado al otro, pero él me asegura que es un placer. Como sólo estuve viniendo cada 3 años voy a considerar que lo dice en serio; además él es super afectuoso y nos enganchamos charlando de cualquier tema, como si tuviéramos una relación cotidiana.
A la noche vinieron Vicky (la viuda de Lucho, el hermano mayor de Charly), y su hijo Andrew, que tiene 15 años. Vicky es una colombiana súper simpática, expresiva y conversadora, que moría de ganas de conocer a Pau. Andrew es muy reservado, pero parecía feliz de estar con nosotros. Fuimos a comer a un restaurant vietnamita-tailandés, ya que habían buscado algo donde no fuera todo a base de carne. Esta tía Grace que viene de Argentina y casi no come carne!!!
El lugar era impecable, con un ambiente muy zen; nos atendió una moza de rasgos orientales, muy amable y sonriente. Su acento era del tipo “amalillo lindo colol”, sólo que en inglés! Cuando nos trajeron el menú, que se suponía estaba en inglés, para nosotras dos estaba en chino mandarín; Pau exclamaba muy ofendida: acá no se entiende nada!! Por suerte el resto de los comensales había ido varias veces y nos pudieron explicar. Yo pedí algo llamado Tad Phai: una especie de torre de fideos (absolutamente etéreos) con queso tofu, ciboulette, y una salsa deliciosa. Pau pidió un plato que era algo como spicy chicken. De algún gen itinerante boliviano heredó el gusto por lo picante, pero acá no se animó, y lo pidió moderado. Todo era riquísimo, y fuimos probando de todos los platos familiarmente. Nos quedamos ahí charlando casi hasta las 23, ya que el restaurant cerraba increíblemente a esa hora; en Miami la gente suele cenar a las 6 de la tarde. Algo que notamos en los restaurants de USA es que la gente puede (y suele) pedir sólo una jarra de agua con hielo para tomar; los mozos no te miran como diciendo: qué miserable, justo la bebida que es con lo que más ganamos me la reemplazás por agua! Luego te van llenando la jarra espontáneamente. También vimos que, al terminar la comida, los mozos te ofrecen prepararte una “doggy bag” para aquellos platos de los que quedó alguna cantidad respetable, no dos migas. Es un eufemismo por bolsita para el perro, como si uno fuera a darle al perro esa comida!


Pau y su nuevo amigo; si viera Rocko semejante traición!

Gente nacida en Chile, Estados Unidos y Argentina.

El plato de Pau

El mío

Día 9


Dia 9. En tierras de piratas, y de Hemingway.
Nos levantamos a las 6 am, ya que Jorge nos había ofrecido llevarnos a conocer Key West, en el punto continental más al sur de Usa. Con el cansancio de varios días de dormir poco, pero más que entusiasmadas, emprendimos las 3 hs de ruta. Durante gran parte del camino se circula con agua a derecha e izquierda, ya que los Cayos son bastante estrechos. Key West (originariamente Cayo Hueso) fue territorio español desde el siglo XVI hasta principios del XIX; durante 300 años estuvo habitada por indígenas (se dice que el nombre podría derivar de un cementerio indio que había en la zona) y luego anduvieron por ahí piratas, exploradores y pescadores de esponjas. Es una isla increíble, con aguas de color turquesa, un puerto donde atracan transatlánticos y veleros, y casas de madera con techo a dos aguas, construidas al estilo sureño, con galerías, y elevadas sobre pilotes (como las del Tigre) para protegerlas de las inundaciones en verano, época de lluvias, tornados y huracanes. Muchas están recicladas, y hoy son negocios de productos, algunos típicos y otros globalizados Al charlar con Jorge sobre la vida en esta zona del Trópico notamos que todos están muy al tanto, e involucrados, en todo lo que concierne a los factores climáticos y la protección de las reservas naturales. Saben identificar lo que traen los vientos, las nubes y la humedad.
La vida en Key West es muy animada, hay hippies tejiendo cestos de palma, y pastelerías donde venden la especialidad de la zona: los productos a base de lima (una torta tipo lemon pie, galletitas, salsas, etc). Pau y yo íbamos medio derrumbadas por el calor, pero la gente de por aquí se ve que está acostumbrada a pasar de los 30 y pico a la sombra al aire acondicionado sin sufrir demasiado. El perrito de Jorge, Bogart, buscaba cada rinconcito de sombra para descansar, pero con  esas mini patitas caminó todo el día muy dignamente!
Visitamos el monolito de concreto que marca el punto más cercano a las costas de Cuba, a unos 150 km. De ahí nos fuimos a recorrer lo que más me entusiasmaba: la casa de Ernest Hemingway, que vivió en Key  West en los años 30, con sus sucesivas mujeres y unos 60 gatos,que tenían (y siguen teniendo sus descendientes) la particularidad de tener 6 dedos. Está muy bien conservada, con todos sus muebles antiguos y su jardín tropical.
A las 17 emprendimos la vuelta; creo que apenas nos subimos al auto Pau y yo nos dedicamos a apreciar…lo bien que se duerme en el auto!!! 
Una vez en Miami, y después de comer algo, me quedé charlando con Lydia ( de familia hondureña, aunque circunstancialmente nació en Usa); tuvimos una de esas charlas en las que nos ponemos al día; esta vez sólo habíamos pasado 3 años sin vernos (no 18 como la vez anterior), así que ya estábamos un poco más enteradas de la vida de cada una. 

Key Largo, en el camino

Llegando a Key West

Pau pisa la arena del Caribe

El muro encalado, la palmera, y la playa.

Tío y sobrina se hacen amigos. El perro es de verdad, aunque parezca un peluche.

Pau y su nuevo amigo.

Pau a la usanza del Far West

Y yo con algunos kilitos más que al partir.

Pau con una abuelita...de cera. Qué no se ponga celosa la verdadera!

Una calle típica

Esperando la pizza....

...que trae 16 porciones de las nuestras!!

A la sombra

El tejedor de canastos.

El punto más al sur.

El jardín de Hemingway

El lugar donde escribía.

La pileta que le construyó la mujer cunado se fue a cubrir la guerra Civil española como corresponsal.

A la sombra en el jardín.

La fachada.

Ellos se quieren mucho...

...y nosotros también.

El puerto de los veleros.

Pirata moderna.