sábado, 13 de octubre de 2012

Día 8


Día 8. Buahh,último día en Nueva York!  Hi Miami: qué bueno es estar en familia!
Bajamos a desayunar y a despedirnos de nuestras amigas. Aunque es probable que nunca volvamos a vernos (como pasa a veces con los amigos viajeros), anotamos los datos de una de ellas.
Subimos a “terminar” (según creíamos) de armar el equipaje, y pesar las valijas. Obviamente todo era un caos, y a pesar de la valija nueva las cosas no entraban. Las cerramos provisoriamente y las pesamos. Para eso les enganchábamos la balancita (que tiene el tamaño de un celular mediano), y yo me subía a una silla. Hay que sostener 23 kg bamboleantes colgando de una cuerdita: se me saltaban un poco las venas y temblaba toda (no soy conocida por mi fuerza), pero llegamos a la conclusión (luego de cambiar algunas cosas de lugar) de que iban a pasar bien. Una vez hecho eso bajamos todos los armatostes por los 23 escalones de madera, y nos fuimos a disfrutar de nuestras 3 últimas horas. A las 12 pasaba a buscarnos un bus para llevarnos al aeropuerto. Contratarlo fue toda una aventura, ya que en la residencia no anda el teléfono, y las monjas nos indicaron un teléfono público (quedan pocos) a una cuadra. Nunca logramos que la moneda se quedara en la ranura. Cuando paramos a un joven que pasaba, para preguntarle como teníamos que hacer, nos ofreció hacer la llamada (que duró como 10 minutos de su celular y su tiempo) desde su teléfono. Impresionante la amabilidad de la gente!
El día era glorioso, frío pero con un cielo completamente azul.
Fuimos hacia el Central Park, ya que no lo habíamos recorrido mucho. Es inmenso, tiene 4 km de largo y 800 m de ancho. Es un parque bellísimo, lleno de caminos anchos con bancos todo a lo largo, glorietas, rocas, caminitos… Palermo también es lindísimo, pero está en el borde de la ciudad: de un lado Libertador con todo su ancho y sus edificios caros, y del otro el río. Hay que ir a Palermo, no nos lo topamos en nuestra vida diaria. El Central Park tiene la particularidad, que lo hace tan vivido, de estar en el medio de la ciudad, accesible desde un montón de puntos por donde pasan los habitantes de la zona, los oficinistas, los turistas, los que van a los Museos…
Para nuestro temprano almuerzo, a las 10:30, compramos un bagel (especie de pan redondo y esponjoso) con queso crema para mí y un Phili cheese con carne para Pau, y nos sentamos en el pasto con nuestro picnic. Fue una linda ceremonia de despedida.
A las 12 en punto llegó nuestro transporte; al verlo entendimos porque era más caro de lo que habíamos pensado: no era un bus para 12 personas, sino un taxi para nosotras dos!
El vuelo a Miami, impecable, tuvo una particularidad, que no deja de sorprenderme, y que sólo parecen conservar los vuelos internos: las azafatas sonríen y parecen azafatas como las de antes, no momias serias con cara de fastidio como las de los vuelos internacionales!!!
Llegamos a Miami con una temperatura más agradable que la última vez que estuve, que nos libró de la sensación de agobio que da pasar de la campera al shortcito.
Jorge, el hermano de Charly, mi querido cuñado con quien me llevo tan bien a pesar de lo poco que nos vemos, nos pasó a buscar. Pau lo había visto cuando tenía un año, así que, a pesar del skype fue como recién conocerlo.
Mientras íbamos a su casa nos fue mostrando las diversas zonas de la ciudad: el Downtown (la zona de negocios), Coconut Grove,  Coral Gables, etc. Fuimos a comer una picadita en un lugar que parecía sacado de la isla de Guiligan, con techitos de palmera, al lado del puerto, con la brisa marina, y la gente tomando sus tragos.
Llegamos a la casa y nos encontramos con Lydia, la mujer de Jorge. Luego de charlar un rato nos fuimos a dormir, ya que había que madrugar para una nueva aventura.
Camino en el Central Park

Pau entre los madrugadores

Y bueno...

..así...

...nos queremos!!!

Pau

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Linda choza!

Pau feliz

Las dos felices!

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Texto en el monumento a San Martín

El phili cheese de Pau...

...que no quiere irse!

El último subte...en NY

Pau le pone onda a la partida

El Libertador (nuestro)

Qué  nivel de picnic!

Pau y su último subte

En vuelo

Esperando a Jorge

Tío y sobrina
Llegamos a la casa y nos encontramos con Lydia, la mujer de Jorge. Luego de charlar un rato nos fuimos a dormir, ya que había que madrugar para una nueva aventura.

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