jueves, 18 de octubre de 2012

Día 12


Día 12. Qué vida la nuestra en estas playas!
Nos levantamos a las 8. Después de lidiar un rato con la caja fuerte del dormitorio, (que finalmente resultó que no era que no sabíamos como usar sino que estaba rota),  bajamos a tomar el desayuno, que consistía en jugo de naranja, café o chocolate a discreción, y un menú a elección: nosotras elegimos la canasta con croissant,  muffin, pan, factura, manteca y mermelada. La otra opción  traía huevos revueltos con torrejas.
Pedimos nuestras toallas y sillas y nos fuimos a la playa, a solo una cuadra del hotel. El mar estaba bien turquesa, pero había más olas que las otras veces que estuve, y como había algunas nubes el calor no molestaba.  Obviamente estuvimos muuuucho tiempo en el agua. Pau aseguraba ver peces, pero yo no ví nada.
Había una serie de rocas cerca de donde estábamos; por lo pinchudas (lo comprobé al tratar de sentarme) parecían restos de coral. A media mañana llegaron unos fotógrafos, e instalaron frente a las rocas unas antorchas con unos tules blancos, y una mesita vestida de blanco con 3 frasquitos encima. Nos parecía irreal y demasiado de película estar por presenciar un casamiento en la playa, pero así fue: al rato llegaron los novios con unos 15 invitados, y realizaron una ceremonia. Sacamos unas fotos sin acercarnos demasiado, ya que nuestro atuendo no era el apropiado, y al haber tan pocos participantes no había forma de esconderse. Con los frasquitos hicieron algo que no entendimos  del todo (parecían poner algo azul y algo blanco dentro de uno con forma de corazón), pero que parecía importante. Quizás sellaba la alianza?
Al mediodía pasamos por un supermercado para comprar algo para almorzar; a  Pau le dieron ganas de comer Mac’and cheese (unos fideos con salsa de queso); algunos vienen ya listos para cocinar en el microondas. Después de un concienzudo estudio de mercado sobre precios y cantidades elegimos unos, que al llegar al hotel vimos que no eran para microondas (que teníamos), sino para hervir en cacerola sobre hornalla (que no teníamos). Como es bien sabido, la creatividad argentina no tiene límites, así que logramos hacerlos igual en el microondas, aunque con algo de enchastre, y en etapas!
A la tarde el mar se veía bien distinto, con menos olas y el cielo completamente azul. Obviamente, seguimos pasando muuuucho tiempo en el agua. Hicimos una pequeña guerra de algas, y Pau durmió una larga siesta en la arena. Si bien hace calor todo el año, aquí están en otoño, lo que se nota en las largas sombras que se proyectan en la arena ya a las 5 de la tarde.
A la noche, aunque al principio nos daba cierta aprensión, fuimos a sentarnos en unas reposeras en la playa para mirar el cielo y la ciudad iluminada a lo lejos.
Atardecer en Miami Beach

Un chapuzón

Las gaviotas están todo el día en la playa.

Y otro chapuzón!

Pau feliz en el mar turquesa.

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Qué frío!

Preparando el altar

Ideal para una siesta

La ceremonia

Me convertí en un dibujo.

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