Día 0. Los últimos preparativos; nos vamos!
La mañana pasó muuuuuy rápido. Pau se portó como una pequeña
Sarmiento, y fue al último día de clases antes de sus vacaciones de primavera.
Yo fui a la peluquería a pintarme todo lo blanco de marrón (no me animé a un
violeta o verde, que hubieran estado acordes al destino cosmopolita al que
partía!) . Una vez que terminamos de armar
las valijas, en las que tratamos de poner lo mínimo posible para dar
luego espacio a las cositas lindas que encontremos por aquí y allá, pusimos en
práctica unos truquitos que aprendí en mis largas horas navegando por foros de
viajeros: envolvimos las valijas en casa con film stretch (como el de cocina
pero más grueso y ancho) que compré en
una papelería. Los empaquetadores Charly y Maru hicieron un buen trabajo: luego
de girar como locos, ellos y la valija, el resultado fue bastante aceptable. La
segunda valija los agarró más cansados, y quedó medio chambona. Después las pesamos con una práctica
balancita de valijas que tiene el tamaño de un celular, y que se lleva con uno
para asegurarse de no pasar el peso permitido a la vuelta.
A las 16 hs partimos (el avión salía a las 20Hs) con tiempo
suficiente: esta pobre usuaria de la General Paz sabe que siempre puede
depararnos una sorpresa… Accidente más, auto parado echando humo menos,
llegamos con 3 hs de anticipación a hacer una fila interminable de check in,
que nos dejó el tiempo suficiente para probarnos ricos perfumes en el free shop
y embarcar.
El avión de United parecía nuevo. Las pantallas individuales
tenían una variedad que nunca había visto: casi 200 películas, series, música,
documentales… Las azafatas bien, y la comida…de avión, que se le va a hacer: ví
peores y mejores. A sentarnos en el avión Pau dijo: este es uno de los días más
felices de mi vida. Imagínense un
corazón de madre ante esta frase, que más se puede pedir? Ser capaz de
transmitirle luego al padre todo lo que los sentidos a estrenar de Pau vayan
viviendo, incorporando, disfrutando…
Día
1. Llegamos a Manhattan
La
noche fue, al menos para mí, noche de avión: vuelta para aquí, vuelta para
allá, no puedo dorrrrrrmir así! Pau descansó un poco mejor por suerte. El
aterrizaje en Newark fue impecable; yo elegí para tan magno momento música
acorde: Pink Floyd al mango!
Para
el temido mostrador de migraciones nos tocó una yanqui-oriental con cara de
pocos amigos, sobre todo porque el aparato de huellas digitales no le
funcionaba bien.
Finalmente
el shuttle (micro que se toma en el aeropuerto), nos dejó a las 8 am en la
residencia de monjas Sacred Heart, donde
fuimos muy bien recibidas, y tuvimos la suerte de que nos alojaran en el primer
piso, y no en el tercero como la vez anterior; las piernas agradecidas (no hay
ascensor). Estamos en el barrio de Chelsea, muy lindo, como de película: todas
fachadas de ladrillo y las escaleras de incendio exteriores, con las
escaleritas con sus barandas de hierro forjado, y abajo el patio inglés. A
pesar de que están en otoño hay flores por todas partes. Lamentablemente nos
dieron 2 celdas, digo habitaciones, separadas; la mía no tiene ventana (tal como advierten que puede pasar
en la web), así que nuestro centro de operaciones es el cuarto de Pau, donde
por ahora tenemos un desparramo bárbaro, porque nunca tenemos energía para
ordenar.
Dejamos
las cosas y salimos a recorrer. Después de una noche sin dormir me sentía con
el lamentable síndrome que llamo “de entrega” desde la época de la facultad:
una especie de nirvana flotante, como en otra dimensión. Sin embargo, el día
recién comenzaba, y teníamos la primera misión que cumplir: comprar la cámara
de fotos, gran ilusión de Pau, para la cual ahorró durante meses, y que pudo
alcanzar gracias a los aportes recibidos!! Gracias!!! Había que ver la
expresión de felicidad de mi cachorra al abrir la caja!
Como primera recorrida por Manhattan elegimos la
zona más nueva. Paseamos por el High Line, una línea aérea de tren, abandonada
por mucho tiempo, y reconvertida en un paseo verde, con miradores, jardines, y
un diseño paisajístico espectacular. También fuimos al Chelsea Market, donde
funcionó originalmente la fábrica de Oreo; hoy hay diversos locales de comida,
ropa, etc, pero se mantuvo la estética industrial.
A
la tarde nos acercamos al Central Park, y
paseamos un rato por la 5° avenida. La ciudad se ve super animada y
agradable de recorrer.
Queríamos volver a las 19, a tiempo para la cena,
incluida de lunes a viernes en nuestra casa de retiro. Hace 3 años cuando
estuve con Maru solía ser poca la comida. Ahora implementaron una planilla
donde hay que anotar si uno va a estar para cenar, para que puedan calcular. Me pareció fantástico; ahora
sí que va a alcanzar la comida! Obviamente las monjas siguen cocinando igual de
poco, porque a las 19:30 lo que llegamos a ver (y comer) fueron unas papas, que
según nos dijeron venían acompañadas de ensalada y chorizos, que ya no
existían. Por suerte habíamos comprado unas provisiones en el super, así que
nos arreglamos bien. A las 22 estábamos durmiendo como angelitos…zzzzzzz.
Van algunas fotitos que ya aprenderé a cargar mejor.
Muy divertido (y emocionante) el relato!
ResponderEliminarLas fotos están muy buenas! Es posible agregarles un pequeño epígrafe para orientarnos sobre los lugares? Hay una sobre un sótano descascarado, con un caño que que inyecta un chorro de luz a alta presión...es el comedor del "Sacred Heart"?
Besos y que la sigan pasando 10 points!!!
divinas!!!!! muy lindos relatos!!
ResponderEliminarMaru
Qué buenos son los sueños, y más cuando se cumplen!
ResponderEliminarQue sigan disfrutando un montón, las quiere, María